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Hipnosis no verbal con los animales y con los niños: cuando las palabras no sirven

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Hipnosis no verbal con los animales y con los niños


Hipnosis no verbal con los animales y con los niños: cuando las palabras no sirven

El perro deja de jadear bajo una mano firme. El niño pequeño cierra los ojos antes de lo habitual, sin una nana, sin un cuento. Las palabras no llegan, y sin embargo algo pasa. Algo concreto, que se puede observar, repetir, aprender. Este artículo explora ese pasaje silencioso, tan antiguo como el hombre, que hoy llamamos hipnosis no verbal.

La prueba de que las palabras no lo explican

Se podría objetar que un perro o un recién nacido no entienden las sugestiones verbales. Y sin embargo reaccionan. Esta es la prueba de que el fenómeno toca un nivel más profundo que el psicológico. El Prof. Dr. Paret lo afirma con rotundidad: «El hecho de que también los animales puedan reaccionar, y de que los animales no sean sugestionables, significa que estamos tocando un nivel no psicológico — más profundo que la psicología, que es natural.»

Esta frase es la clave de todo. No se trata de convencer, de persuadir, de usar la palabra. Se trata de entrar en contacto con una dimensión biológica, fisiológica, que precede al lenguaje. Los animales no entienden las palabras, y sin embargo se aquietan. Los niños que aún no hablan, y sin embargo se calman. El nivel tocado es más profundo que la psicología, y es natural.

¿Qué significa en la práctica? Significa que el fenómeno es accesible, observable, y no requiere capacidades intelectuales complejas. Significa que la calma puede ser inducida, que el contacto puede ser establecido, que el bienestar puede pasar a través de canales que no son los de la palabra. Y significa que esta capacidad es innata en el hombre, como demuestra la tradición del magnetismo animal.

Virgilio y la gallina

El Prof. Dr. Paret cuenta una anécdota que ilumina esta verdad. Su maestro, Virgilio, le enseñó la hipnosis en un contexto rural, donde estas prácticas eran consideradas naturales. «Virgilio nos decía que en el campo la hipnosis era considerada natural, porque muy a menudo los animales entran en estados particulares: es fácil ver animales que se encuentran en algo similar a los estados hipnóticos.»

La escena es concreta: una granja, un gallinero, un hombre que observa. Virgilio tomó una gallina y la miró a los ojos. «Para inducirlos, cada animal cede de manera distinta. Una gallina, por ejemplo, basta con observarla en el ojo: lo hicimos también nosotros una vez. Virgilio, que me enseñó la hipnosis, tomó una gallina y nos enseñó a hipnotizarla.»

La anécdota continúa con un detalle fundamental: la técnica no es universal. «Pero se puede trabajar también con un perro, con los ojos, o con los cachorros pequeños con los pases magnéticos. Es muy interesante: cada animal tiene su técnica.» Esta observación abre un mundo. Existen múltiples hipnosis, cada una con sus propias modalidades, vías sensoriales y adaptaciones a la naturaleza de quien tenemos delante.

¿Qué son los pases magnéticos? Son una de estas vías. Son un gesto que se aprende, que se repite, que se siente. Y que funciona también donde las palabras no llegan.

Qué son los pases magnéticos

Los pases magnéticos son un movimiento de las manos que se deslizan a lo largo del cuerpo, a poca distancia, sin tocar. El ritmo es lento, la respiración es profunda, la atención está toda en las manos y en la sensación que transmiten. No hace falta el contacto físico: basta la presencia, la dirección, la intención.

¿Qué son los pases magnéticos? Son un gesto que se puede hacer sobre una persona, sobre un niño, sobre un cachorro. El Prof. Dr. Paret lo explica con sencillez: «A los niños pequeños ya se les puede considerar en hipnosis: todo es más simple. Sienten también más fácilmente los pases magnéticos, y todo lo que las personas pueden hacer — por lo tanto a veces se pueden resolver las cosas muy rápidamente.»

La sensación es la de un calor que se mueve, de una corriente ligera, de una presencia que acompaña. Los cachorros pequeños los sienten, y se aquietan. Los niños los sienten, y se relajan. El gesto es antiguo, y el nombre deriva de una tradición que lo considera un paso de algo real, aunque invisible.

Este gesto no sustituye a los cuidados médicos, pero abre un espacio de calma y de contacto. Es una herramienta que se puede aprender, que se puede usar con respeto y con prudencia, y que pertenece a una tradición viva, la del Método Paret contemporáneo.

Los ejemplos de Völgyesi

El investigador húngaro Ferenc Völgyesi ha recogido, en sus estudios, una serie de ejemplos que muestran cómo la fascinación está difundida en la naturaleza. El Prof. Dr. Paret ha indicado estos ejemplos como fundamentales para comprender el fenómeno. El libro de Völgyesi tiene varios ejemplos, y todos muestran lo mismo: la inmovilidad, el fijar la mirada, el contacto visual que bloquea y que atrae.

La serpiente y sus presas: los antiguos habían observado cómo las serpientes pueden «encantar» a las víctimas. Aves de pequeño tamaño, ocas e incluso antílopes permanecen inmóviles en un estado definible como «rigidez por fascinación», y no intentan la huida. La presa está como suspendida, en espera, en un tiempo que se ha detenido.

El testimonio del Prof. Dal Pozzo, citado en nuestros libros, es aún más preciso. Se refiere a un ruiseñor, y merece ser reproducido por entero.

El ruiseñor que canta en el árbol, la mirada que se encuentra con la del animal en el suelo, el canto que cesa, el intento de volar que falla, el descenso de rama en rama hasta el grito final.

— Prof. Dal Pozzo, citado en las obras del Prof. Dr. Paret

La escena es potente: el canto que se interrumpe, el ala que no obedece, el descenso inevitable. No es una metáfora: es una descripción fisiológica. La fascinación actúa sobre el tono muscular, sobre la respiración, sobre la inmovilidad. El animal está como capturado por una mirada que es amenaza y a la vez más fuerte que cualquier huida, y esa mirada lo retiene.

La mangosta y el sapo gigante ofrecen otro ejemplo. La acción fascinadora puede ser contrastada: la mangosta ataca la zona hipnógena de la serpiente venenosa y vence. El animal atacado se demuestra más «psicoactivo» que el agresor. La fascinación no es una fatalidad: es una relación, y en la relación puede haber una vía de salida.

Las dos lagartijas, durante una excursión, permanecen inmóviles diez minutos mirándose fijamente, hasta que la más grande agarra la cabeza de la otra. Diez minutos de inmovilidad, de tensión, de mirada. Y los cisnes, del Mesmerismus®, fijados, giran el largo cuello para seguir mirando fijamente al operador. El cuello que se tuerce, la mirada que no suelta: la fascinación es más fuerte que la postura.

Los niños

A los niños pequeños ya se les puede considerar en hipnosis. El Prof. Dr. Paret lo afirma sin vacilación: «A los niños pequeños ya se les puede considerar en hipnosis: todo es más simple.» Su mente aún no está llena de palabras, de pensamientos, de filtros. Están más cerca de ese estado natural que en los adultos está cubierto por capas de hábito y de lenguaje.

Los niños sienten más fácilmente los pases magnéticos. «Sienten también más fácilmente los pases magnéticos, y todo lo que las personas pueden hacer — por lo tanto a veces se pueden resolver las cosas muy rápidamente.» Esta rapidez es un don, pero requiere también prudencia. Quien trabaja con niños debe hacerlo con respeto, con delicadeza, y siempre por su bienestar.

También los niños que aún no hablan se benefician de estos gestos. «También los niños que aún no hablan se benefician de los pases magnéticos: esto nos transmiten nuestros alumnos.» No hace falta la palabra para recibir el beneficio del contacto, de la calma, de la presencia. El cuerpo escucha, incluso cuando los oídos no entienden.

La prudencia es obligatoria. Se trata de acompañar, y no de curar. Para cualquier problema de salud, el pediatra sigue siendo la referencia. El trabajo con los niños, como con los animales, es un trabajo de calma y de bienestar, nunca de coerción. Con quien no puede dar un consentimiento verbal, se trabaja solo por su bien, con la máxima ética y el máximo respeto.

Por qué en los niños y en los animales la emoción no queda atrapada

Esta es una de las intuiciones más profundas del Prof. Dr. Paret, y está escrita en su libro «History of Hypnotism, Animal Magnetism and Instant Healings». La cita es verbatim, y debe leerse con atención: «Cuando se trata de animales y de niños, la emoción no dura mucho tiempo. En los adultos en cambio tiende a quedar atrapada en el interior y a convertirse en un estado crónico.»

¿Qué significa exactamente? Significa que en los niños y en los animales la emoción fluye, se expresa, se disuelve. Un niño llora, y luego ríe. Un perro tiene miedo, y luego mueve la cola. La emoción es una ola que pasa, que no deja depósitos. En los adultos, en cambio, la emoción es retenida, rumiada, escondida. Se convierte en un estado crónico, en un hábito del cuerpo y de la mente.

Esta diferencia explica por qué la hipnosis no verbal funciona tan bien con los más pequeños y con los animales. No hay una acumulación que disolver, no hay una historia que reelaborar. Solo hay que entrar en contacto con un estado que ya es natural, ya fluido, ya disponible. El trabajo es más simple, más rápido, más directo.

Esta es una verdad que pocos conocen, y que abre una perspectiva nueva. El niño y el animal no son «difíciles» de hipnotizar: ya están en ese estado. Basta saber verlo, y saber acompañarlo. El padre que aprende esto, aprende a estar con su hijo de un modo más profundo.

El caso Liébeault

La historia de la hipnosis ofrece un caso que confirma esta visión. El fundador de la escuela de Nancy, Liébeault, refirió cuarenta y cinco casos de resultados obtenidos imponiendo ambas manos sobre niños pequeños. De estos, treinta y dos tenían menos de tres años, una edad a la cual Liébeault consideraba la sugestión excluida. Los niños no podían entender las palabras, y sin embargo algo ocurría.

Refirió cuarenta y cinco casos de resultados obtenidos con la imposición de ambas manos sobre niños pequeños; treinta y dos pacientes tenían menos de tres años, y a esa edad él consideraba que la sugestión podía ser excluida.
— de la literatura clínica decimonónica sobre el hipnotismo, fondo histórico de la Biblioteca

Por consejo de Bernheim, Liébeault sustituyó luego las manos con agua declarada magnetizada a los padres. Los resultados fueron igualmente buenos. Los críticos concluyeron que la sugestión pasaba a través de los adultos, de los padres que creían en el agua. Pero esta objeción tiene un punto débil, que el Prof. Dr. Paret pone de relieve con claridad.

Nuestra posición es rotunda: esa cadena de transmisión falta en los animales, que reaccionan de todos modos. Un perro no sabe que el agua está «magnetizada», no tiene expectativas, no tiene sugestiones transmitidas. Y sin embargo, como demuestran los ejemplos de Völgyesi y la experiencia de Virgilio, los animales entran en estados de fascinación. Precisamente por eso el nivel tocado es más profundo que la psicología.

El caso Liébeault es una confirmación histórica, no una prueba definitiva. Pero junto con los ejemplos animales, construye un cuadro coherente: existe un canal de comunicación que no pasa por las palabras, que no necesita creencias, y que actúa directamente sobre el cuerpo, sobre el tono muscular, sobre la respiración. Este canal es el magnetismo animal.

Qué puede hacer un padre

Un padre puede aprender a usar estas herramientas para el bienestar de su hijo. El gesto de la noche, antes de dormir, es un ejemplo concreto. Las manos que descienden lentamente a lo largo del cuerpo del niño, a pocos centímetros de distancia, con un ritmo calmado y una respiración profunda. El niño se aquieta, el sueño llega más fácilmente, el día se cierra en un contacto silencioso.

El Prof. Dr. Paret es claro en este punto: «Mucho del niño depende del padre: el padre que trabaja sobre sí mismo y aprende estas técnicas puede luego dar grandes resultados.» El padre no es un técnico, pero es una presencia. Su calma, su seguridad, su capacidad de estar en el contacto, son la primera medicina para el niño.

Esto no significa sustituir al pediatra. Significa añadir una herramienta de relación, de calma, de presencia. Significa aprender a usar las manos, la mirada, la respiración. Significa redescubrir una capacidad que es innata, pero que a menudo se olvida. El padre que aprende, aprende también a conocer mejor a su hijo.

La cita «mucho del niño depende del padre» es una invitación a la responsabilidad, no un peso. Es la conciencia de que el propio estado interior se transmite, de que la propia calma es contagiosa, de que el propio trabajo sobre uno mismo es el primer regalo que se puede hacer al propio hijo.

El nombre original: magnetismo animal

El nombre que usamos hoy, magnetismo, deriva de una tradición más antigua y más precisa. «Lo que llamamos magnetismo en realidad se llamaba magnetismo animal: el nombre original. Se entiende por tanto que es realmente adecuado, porque entramos en un contacto aún más nítido.» El Prof. Dr. Paret subraya este origen con orgullo, porque el nombre ya lo dice todo.

El magnetismo animal no es una metáfora. Es una descripción: una acción que se ejerce de un cuerpo a otro, un contacto que no es solo físico, una comunicación que no es solo verbal. Y los animales, en esto, son maestros. «Los animales, entre otras cosas, entienden también la fascinación: por tanto con la mirada, simplemente, podemos obtener resultados fortísimos.»

La mirada es el elemento fundamental. «Basta pensar que para los domadores el elemento esencial es la mirada: la mirada es el elemento fundamental.» El domador no habla con el león, no le explica, no lo convence. Lo mira, y el león responde. Esta es la fascinación instantánea, la misma que se puede usar con los animales y con los niños.

El Prof. Dr. Paret ha tenido bastantes alumnos que han trabajado con animales. «Estas técnicas son muy útiles para quien quiere trabajar con animales: hemos tenido bastantes alumnos que han trabajado con perros, con caballos y con otros tipos de animales. Los que trabajan más son los que trabajan con caballos.» Los caballos, animales sensibles y reactivos, son un banco de pruebas perfecto para estas técnicas.

La tradición está viva en el Método Paret contemporáneo. Las manos, la mirada, los pases magnéticos: herramientas antiguas, redescubiertas y enseñadas con rigor. Y la cita del libro del Prof. Dr. Paret lo confirma: «Me he convencido de la fuerza y de la validez de estas técnicas viendo recientemente que funcionan igualmente bien para curar a los animales: son llaves que permiten tocar las capas más profundas del ser humano.»


Preguntas frecuentes

1. ¿La hipnosis no verbal es una forma de control mental?

No. La hipnosis no verbal es una forma de contacto y de comunicación. Se trata de acompañar, y no se obliga a nadie. Con los animales y con los niños, que no pueden dar un consentimiento verbal, se trabaja solo por la calma y el bienestar, nunca para obligar. La ética es el fundamento de esta práctica.

2. ¿Puedo usar los pases magnéticos en mi hijo para que duerma?

Sí, el gesto de la noche es un ejemplo típico. Las manos que descienden lentamente a lo largo del cuerpo, a poca distancia, con un ritmo calmado, pueden ayudar al niño a relajarse. Es importante usar este gesto con delicadeza y respeto, y recordar que no sustituye a los cuidados médicos. Para cualquier problema de salud, el pediatra es la referencia.

3. ¿Los animales son realmente sensibles a estas técnicas?

Sí, los animales son muy sensibles. El Prof. Dr. Paret lo demuestra con los ejemplos de Völgyesi y con la anécdota de Virgilio y la gallina. Los animales no son sugestionables, y esta es la prueba de que el nivel tocado es más profundo que la psicología. Cada animal tiene su técnica: la mirada para algunos, los pases magnéticos para otros.

4. ¿Debo tener un don especial para aprender estas técnicas?

No, no hace falta un don especial. Hace falta la voluntad de aprender, la práctica constante y el respeto por quien tenemos delante. El Prof. Dr. Paret enseña estas técnicas en su Escuela, y muchos alumnos las han aprendido y aplicado con éxito. La capacidad es innata, pero debe ser despertada y cultivada con el estudio y con la práctica.

Cuando las palabras no sirven, queda el contacto.


Quien desea aprender de verdad estas técnicas las encuentra en los seminarios en vivo del Prof. Dr. Paret — que enseña en todo el mundo — donde los pases magnéticos y la fascinación se practican unos con otros, y donde bastantes alumnos llegan precisamente para trabajar con caballos y con perros. Los cursos están organizados por la Université Européenne.

Notas y referencias científicas

  1. Völgyesi F. A., Menschen- und Tierhypnose, Orell Füssli, Zürich-Leipzig 1938 (ed. inglese Hypnosis of Man and Animals, Baillière, Tindall & Cassell, London 1966) — la raccolta sistematica di osservazioni sull’immobilità da fascinazione nelle diverse specie, citata nelle opere del Prof. Dr. Paret.
  2. Gallup G. G., Tonic immobility: The role of fear and predation, «The Psychological Record», 27(S1), 1977, pp. 41-61. doi:10.1007/BF03394432 — l’immobilità tonica negli animali, il fenomeno che la ricerca sperimentale ha studiato a partire dalle osservazioni sulla gallina.
  3. Porges S. W., The polyvagal perspective, «Biological Psychology», 74(2), 2007, pp. 116-143. doi:10.1016/j.biopsycho.2006.06.009 — quadro teorico sugli stati di immobilità e di connessione regolati dal vago; modello discusso in letteratura.
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